Joyita televisiva de verdadera altura la que ahora os dejo aquí. Nada menos que dos de las francesitas más francesitas de todos los tiempos cantando a dúo, y rivalizando en adorabilidad. Son Françoise Hardy y Jane Birkin (casi ná) interpretando (en clave susurrante, encima) el tema señero de la primera de ellas, "Comment te dire adieu". La grabación es de 1976, y viéndola se le quitan a uno todas las penas (al menos durante dos minutos, cuatro segundos).
"Rubber Johnny", el malrrollero cortometraje-videoclip de Chris Cunningham - Aphex Twin se hizo esperar lo suyo, pero la verdad es que cuando llegó mereció bastante la pena. La cosa panica, espeluzna y hasta choca. Los artistas cómo son, oye.
Lipps Inc (triple juego de palabras con "lip: labio", "synch: sincronizar", e "Inc: Incorporated, de empresa") fue uno de aquellos entrañables grupos ficticios de los 70-80, cuya existencia fue poco más allá del propio estudio de grabación en que se gestó su único "hit", en este caso, el inolvidablemente robotista "Funkytown" (1980). El cerebro en la sombra era, como siempre, un productor llamado Steven Greenberg, aunque la cara (y el cuerpo) lo pusiera la cantante Cynthia Johnson, único elemento fijo de una serie de canciones en las cuales el resto de los músicos fueron profesionales intercambiables de sesión en sesión.
El videoclip de "Funkytown" marcó mi infancia, y viéndolo ahora comprendo perfectamente porqué. Por cierto, a ver si un día le dedico una entrada al fenómeno "Hacer el robot", que también tiene su aquel.
Durante muchos años el "country" fue tan ajeno a mi gusto musical como la práctica de deportes de riesgo a mis vacaciones. Eso sí, fue descubrir a Emmylou Harris y la cosa comenzó a cambiar. Con ella me introduje lentamente (fue tras ver una foto suya cuando comencé a sentir cierto interés por su música; ya me conocéis...) y hoy, siempre que nadie me ve, prendo una fogata en mi salón, me planto un sombrero de "cowboy" y me quedo mirando al horizonte (en realidad es tele, pero entorno los ojos con mucha convicción) sintiendo toda la melancolía de la noche en el viejo Oeste.
Emmylou, hoy una de las máximas leyendas vivas del "country", fue lanzada hace cuatro décadas como adolescente prodigio de este estilo gracias al malogrado Gram Parsons (el de los Flying Burrito). Tras el fallecimiento de aquel, ella decidió continuar con el sonido creado por su novio. Su primer LP, "Pieces of the Sky", albergó ya una canción de éxito, "If I Could Only Win Your Love". No obstante fue su apretada y exigente agenda de conciertos por todo lo ancho del país lo que acabó por convertirla en una figura destacada. En escena cautivaba su presencia virginal, su indiscutible belleza y, sobre todo, claro está, su voz cristalina, muy alejada de la fuerte nasalidad de las (y los) cantantes country de siempre. Quizá fue por ello que pronto comenzó a ganar adeptos fuera de ese cerrado circuito, accediendo a ambientes más modernos y sofisticados musicalmente.
A lo largo de estas décadas, la Harris ha evolucionado de forma modélica, alternando la respetuosa reinterpretación de viejos clásicos del "country", con cierto gusto por la fusión estilística, no muy bien recibida (cómo no) por los puristas del género. Sin duda es la gran dama del "country" que mejor ha sabido envejecer (no como Tanya Tucker, por ejemplo), y sin llegar a los extremos de fascinación que el moribundo Johnny Cash causó en torturados popes como Reznor, Oldham o Cave, ella también ha contado en los últimos años con reivindicadores de la talla de Michael Stipe o Beck.
Aquí os dejo dos de sus más memorables interpretaciones. Por un lado, la muy espesa moralmente, bizarra y poco menos que escalofriante Jerusalem Tomorrow, y la épica e infinitamente triste Wayfaring Stranger. Dos himnos místicos, con ecos de desolación y derrota, que en su voz, pese a todo, y a diferencia de otras versiones, no dejan de transmitir una espectral serenidad. Muy grande la Emmylou...
Quizá algunos conozcáis la reciente versión de "Ca Pourrait Changer" grabada por los condales Le Très Bien Ensemble. Si, no obstante, desconocéis la canción original no tenéis más que pinchar aquí, cerrar los ojos e imaginaros a la rubita del bikini cantándola con su boquita de frambuesa. Sin duda, uno de los mayores hitos de la carrera discográfica de la Bardot.
Siendo pequeño, muy pequeño, cuando aún ni siquiera había escuchado por vez primera la palabra "videoclip" (ni, por supuesto, scopitones) me topé un día, en aquella minúscula tele en blanco, negro y gris (nadie menciona nunca los grises, y mira que lo eran aquellos tiempos...) con la divina Brigitte cantando una cosa que no entendía e inmersa en una orgía de formas cambiantes y sonidos de otro mundo. Aquello simplemente me superó. A menudo pienso que allí empezó todo: los comics y yo, el "pop" y yo, las francesas y yo...
Años más tarde acabaría sabiendo quienes eran Godard, Forest, Gainsbourg, Warhol, Giraud y demás. Todo se hizo más complicado, más erudito (puagh), sí, pero en el fondo nunca he dejado de saber que lo primero siempre fue BB.
Si Norah Jones te arrulla tanto que puede llegar a resultar narcótica, si Diana Krall te agrada, claro, pero también te empalaga un poco, si empiezas a sospechar que bajo tanta vocalista sensible de última generación lo que hay en realidad es un poco de cuentitis y laxitud interior... ha llegado el momento de escuchar a Rebekka Bakken.
Convertida gracias a su debut en solitario con el apabullante album "The Art of How to Fall" en todo un fenómeno dentro del ambiente jazzístico ligero de Europa, esta noruega de treinta y pocos años jamás deja indiferente cuando se la escucha por vez primera. Su abrasiva voz esgrime una intensidad muy lejos de la tersa perfección académica de ciertas "divas", mientras que la naturaleza de sus composiciones no escatima ni en complejidades estructurales ni en paisajes emocionales encapotados.
"Say Goodbye To What Is Gone", "Worriless" o "Daylight Is Short In Fall" son algunas de las cumbres de este disco espinoso, dedicado a la exposición en doliente primera persona de cuantos desajustes e incongruencias sentimentales torturan a cualquier adulto. Quizá Rebekka Bakken no tenga el "glamour" ni los Grammies de otras, pero os aseguro que en ovarios las supera por carretillas. Digo.
ANTONIO TRASHORRAS (Madrid, 1969).
Profesional del sector audiovisual desde 1990. Guionista de largometrajes ("El espinazo del diablo", "Lena"), telefilmes ("Jugar a matar" -Tele 5-) y cómic ("Miedo", "Residuos" -ediciones Glénat), crítico de cine ("Fotogramas", "Fantastic Magazine", "Nosferatu", "El País de las Tentaciones"), cómic ("El Periódico de Catalunya", "Viñetas", "U"), autor de siete libros sobre cine (en solitario o colaboración), responsable de contenidos de producciones especiales de Canal +, director del canal Album TV para Canal Satélite Digital, coordinador de monólogos de humor en el canal Paramount Comedy, guionista y realizador de los programas de "sketches" "La Hora Chanante" y "Telecompring, y director del "talk show" "Nada que perder" (Paramount Comedy). Tras un breve paso por "Los Serrano", actualmente dirige el Festival de Cine de Comedia de Peñíscola. Insomne, omnívoro cultural y fanático de cualquier palabra que contenga la combinación de letras "mn". Padre de un hijo rubio e incomprensiblemente cuerdo...
El autor de este "blog", en una de sus fugaces apariciones públicas.
¿A qué huele la ilusión?
Yo de pequeño bebía los vientos por Olivia Newton John. Coleccionaba fotos suyas, recortaba sus reportajes en las tonti-revistas de la post-Transición... ¡Hasta me gustaban sus canciones y películas! Me estoy refiriendo a aquella época, a caballo entre los 70 y los 80, en que aún aguantaba con su "look" de jovencita pese a haber rebasado holgadamente la treintena, más o menos entre el "boom" de "Grease" y los memorables (y a su manera hermosos) naufragios de "Xanadu" y "Two of a Kind".
En el magnífico Blowupdoll, un simpático "emepetrés" de la (por entonces) dulce y virginal australiana. En cuanto a la legendaria fotito en plan "roller/cowgirl" de aquí arriba, ¿qué puedo decir? Pues que vale su peso (55 K) en oro. Haciendo historia, amigos...
La voz azul
Descubrí las abisales cuerdas vocales de Etta Scollo en la escena más hermosa, emotiva y desconcertante de "Bad Guy", uno de los increibles largometrajes que el coreano Kim Ki-duk ha realizado en estos últimos años. "I tuoi fiori" se llamaba la canción y la irrupción de la profundísima, ígnea voz de esta italiana afincada en Alemania aportaba a la desesperada historia de "amour fou" narrada en la película una extrañísima cualidad de melodráma onírico. Un momento de cine inolvidable.
Desde entonces me he informado sobre ella, su música, su vida... y la he escuchado todo lo que he podido, claro. Recomiendo buscar sus CDs en la página alemana de Amazon y frecuentar su página personal. Merece mucho la pena.
Mujer tenía que ser
Si Norah Jones te arrulla tanto que puede llegar a resultar narcótica, si Diana Krall te agrada, claro, pero también te empalaga un poco, si empiezas a sospechar que bajo tanta vocalista sensible de última generación lo que hay en realidad es un poco de cuentitis y laxitud interior... ha llegado el momento de escuchar a Rebekka Bakken.
Convertida gracias a su debut en solitario con el apabullante album "The Art of How to Fall" en todo un fenómeno dentro del ambiente jazzístico ligero de Europa, esta noruega de treinta y pocos años jamás deja indiferente cuando se la escucha por vez primera. Su abrasiva voz esgrime una intensidad muy lejos de la tersa perfección académica de ciertas "divas", mientras que la naturaleza de sus composiciones no escatima ni en complejidades estructurales ni en paisajes emocionales encapotados.
"Say Goodbye To What Is Gone", "Worriless" o "Daylight Is Short In Fall" son algunas de las cumbres de este disco espinoso, dedicado a la exposición en doliente primera persona de cuantos desajustes e incongruencias sentimentales torturan a cualquier adulto. Quizá Rebekka Bakken no tenga el "glamour" ni los Grammies de otras, pero os aseguro que en ovarios las supera por carretillas. Digo.