Categoría: Libros
3 Junio 2005

Soy un fan absoluto de Pilar Pedraza, única (y orgullosa) practicante desde hace un par de décadas del gótico terrorífico en España. Sus novelas se leen con el extraño gusto de estar revisitando un clásico desconocido del género (más centroeuropeo que anglosajón, más Hoffman que Le Fanu) y sus ensayos siempre son brillantes y certeros.
Si os gusta lo macabro de aroma añejo, lo fantástico asumido sin pudor, dadle una oportunidad a sus novelas y recopilaciones de cuentos. Dan mucho gustito. Y si disfrutáis con los textos teóricos no os perdáis este "Espectra: Descenso a las criptas de la literatura y el cine", editado, como viene siendo habitual, por Valdemar, esta vez en su colección Intempestivas.
Del dossier promocional: "La turbia imagen de la Mujer muerta, tema central de este singular ensayo, es anterior al cine. El arte se ha servido de ella desde tiempos inmemoriales y se ha vertido mucha tinta sobre su fascinación por parte de escritores y filósofos. El psicoanálisis creyó identificarla con la madre muerta.
"Espectra", último volumen de una trilogía iniciada en 1991 con "La bella, enigma y pesadilla: esfinge, medusa, pantera...", que tuvo su continuación con "Máquinas de amar. Secretos del cuerpo artificial" (El Club Diógenes nº 103), concluye, por el momento, un extenso y muy esclarecedor estudio de Pilar Pedraza dedicado a rastrear ciertas imágenes de lo femenino siniestro en el arte, la literatura y el cine. En esta ocasión Pedraza ha dirigido su perspicaz visión hacia la Mujer muerta “que yace en nuestro interior y sobre todo a la révenante, que vuelve una y otra vez, porque los muertos nunca mueren del todo, especialmente Ella”. Vampiras, empusas, lamias, aparecidas, mujeres de cuadro, zombis, resucitadas pueblan esta particular “galería de espectros”, oscuro reflejo de nuestra imaginación más mórbida.

“Espectra es la madre de todos los fantasmas, esa vampira que nos seduce, esa difunta que nos atormenta, la bella niña que duerme en una caja de cristal, la amazona que muere entre los brazos del héroe que la ama, la esposa añorada por su viudo hasta la locura, la mujer astronauta de Solaris, la que resucita, la que grita en la noche el nombre de su hija... La hemos creado y tenemos que aprender a vivir con ella...”, explica Pilar Pedraza sobre su obra.
"Espectra", más que un ensayo es un descenso por las criptas de la literatura y el cine, con humor y mucho amor hacia lo fantástico.
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30 Mayo 2005

No estoy nada de acuerdo con quienes dijeron que "Yo, Robot" era mala (mentira: es buena, y su director, un fiera), que su guión era cutre (mentira: es efectivo, con ciertos momentos de especial lirismo y también, por desgracia, algún atajo necesario tratándose de un producto Hollywood, y chistecillos igualmente obligados), que Will Smith es un actor pésimo (mentira: se suele confundir al doblador con el actor) y, sobre todo, que su principal pecado era "traicionar" el espíritu de Asimov.
No quiero enredarme ahora en hacer una defensa de la película (que afortunadamente no necesita) sino recomendar desde aquí la obra de un escritor muchísimo menos venerado que el patilludo, pero que, a mi juicio, aportó muchísima más inteligencia, espíritu lúdico y nuevas fronteras no sólo a la ciencia ficción ("Los humanoides", "Terraformar la Tierra"), sino también al horror ("Más tenebroso de lo que piensas") y la fantasía ("Sangre dorada", ). Me estoy refiriendo a Jack Williamson. Uno de esos señores que hizo de comadrona del género, y luego lo crió y lo alimentó durante décadas con la fertilidad de su imaginación y la honestidad de su prosa, hasta que éste creció lo suficientemente fuerte y listo como para mirar a su anciano tutor algo por encima del hombro.

Los libros de Williamson siempre me proporcionaron esas sensaciones y conceptos (sentido de la maravilla, especulación científica, humanismo, metáforas sociales...) que otros dicen encontrar en Asimov, y que yo, curiosamente, sí percibí en la película de Proyas.
Quién esté interesado en saber más sobre este maestro de la imaginación literaria puede leer esta entrevista y, a continuación, salir a buscar cualquiera de sus libros. Pese a su antiguedad, en ellos encontraréis ideas aun estimulantes y una escritura con una chispa que ya quisiera mucho amuermado "divo" actual del género. Lástima que Williamson no diera lugar a ninguna "franquicia" literaria y que por ello permanezca hoy tan olvidado.
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23 Mayo 2005

Como el mundo está tan mal y da tanto miedo mirar a la realidad de ahí fuera, aquí os traigo una pequeña "delicatessen" para intentar aliviar algo nuestras castigadas neuronas. "Hand Shadows To Be Thrown Upon The Wall" es el título de un precioso librito de un tal Henry Bursill, editado en 1859, y que ahora la gente del "Project Gutenberg" (unos santos...) han puesto en la Red para que todo el mundo lo pueda disfrutar de forma gratuita.
No tenéis más que pinchar aquí y relajaros un rato con sus añejas y encantadoras ilustraciones. Por una Arcadia mental...
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18 Mayo 2005

Procedente de Axxon.
Si en la actualidad es difícil definir Internet, su alcance, sus implicancias, su efecto sobre la gente, para Jorge Luis Borges, en cambio, aun sin conocer la "Red de redes", la cosa fue muy fácil. Lo que sigue es un ejemplo de que este genial escritor tenía Internet, o al menos se anticipó a definirla en aquel universo fantástico que dejó como legado.
Cae por su propio peso comenzar este ejercicio con "El Aleph", creación que, para muchos observadores, encierra una definición de la Web en la descripción que el personaje Carlos Argentino Viterbo hace de ese sitio que da nombre al relato: "El lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos". Más adelante, cuando el narrador describe su experiencia como observador del Aleph, encontramos lo que podría ser el testimonio de un principiante en la Red, quien, al maravillarse, relata con pasión su viaje navegación en Internet: "Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres)...".
después, podemos encontrar algo referente al chat, o una experiencia de intercambio de e-mails, ya que sigue: "...vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó...". Lo que sigue es una descripción de lugares, cosas y sensaciones, como la propuesta de un portal de misceláneas: "...vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace 30 años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland...".
Es tentador seguir, pero este fragmento alcanza y sobra para demostrar que "ese lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe", es muy parecido a Internet ¿O es Internet? Sobre esa duda se basa la posibilidad de que Borges haya conocido Internet, ya sea porque la tenía en su casa, o la conoció en el sótano de los Viterbo. Hay detalles mínimos que no se pueden dejar pasar por alto, como el de esa mujer que no puede olvidar, ya que, según dice, la vio "en Inverness", ciudad del Reino Unido cuyo nombre suena sugestivamente parecido a Internet. ¿Por qué no vio a la mujer en Canterbury, Coventry o Liverpool? Sencillamente porque ninguno de esos nombres suena parecido a Internet.

Pero si una sola referencia no basta, hay más. En "El libro de arena", ya desde el comienzo, Borges, para introducir al lector, sin querer, vuelve a definir Internet, está vez desde lo matemático: "La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes...". Sí de la definición del Libro de Arena se trata ¿qué es Internet sino un libro de arena, un hipervolumen compuesto de un número infinito de volúmenes?
"Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen principio ni fin", relata luego. La Web, como la arena, tampoco tiene principio ni fin. Más adelante, quien le vende el libro al relator, reafirma: "El número de páginas de este libro es exactamente infinito, ninguna es la primera; ninguna, la última... Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito, estamos en cualquier punto del tiempo". Sólo desde una PC conectada a Internet podríamos lograr este punto de observación en espacio y tiempo.
Pero este relato no se queda allí, el efecto que produce el Libro de Arena en el protagonista es idéntico a la adicción que produce Internet en algunos usuarios. "Me quedaban algunos amigos; deje de verlos. Prisionero del libro, casi no me asomaba a la calle... Declinaba el verano y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con 10 dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad". Ni al mejor crítico de Internet se le ha ocurrido una frase que la supere.
Hasta aquí vemos cómo Borges no sólo fue capaz de definir Internet con distintos argumentos, sino también de describir sus efectos en usuarios débiles a los que la vida dejó con la guardia baja. Pero hay más para el asombro, algo así como el origen de Internet. Al menos eso es lo que parece la historia de la biblioteca del Congreso del Mundo, el delirante proyecto del multimillonario uruguayo Alejandro Glencoe, personaje del relato El Congreso, quien a fines del siglo XIX se propuso formar una especie de gobierno o consejo suprainternacional del que sería presidente. Quienes lo acompañan en la empresa, deciden que el organismo debería contar con la mejor biblioteca del mundo, la que comienzan a formar con los más elevados textos de consulta de la época: "...los atlas de Justus Perthes y diversas y extensas enciclopedias, desde la Historia Naturalis de Plinio y el Speculum de Beauvais hasta los gratos laberintos de los ilustres enciclopedistas franceses, de la Britannica, de Pierre Larousse, de Brockhaus, de Larsen y de Montaner y Simón".
A esta altura, cualquier detractor está en condiciones de decir: Eso no es Internet, ya que en Internet está todo, no sólo lo bueno, preciso y complejo, sino también lo malo, impreciso y vago. Pero no se apure, eso último también estaba en la biblioteca del Congreso del Mundo, ya que el personaje llamado Twirl, tras invocar a Plinio el Joven en aquello de "no hay libro tan malo que no encierre algo bueno", propuso la "compra indiscriminada de colecciones de La Prensa, de 3.400 ejemplares de Don Quijote, en diversos formatos, del epistolario de Balmes, de tesis universitarias, de cuentas, de boletines y de programas de teatro. Todo es un testimonio, había dicho". Para los defensores de Internet, toda la porquería que se amontona en páginas y sitios inútiles también son un testimonio. Hay muchos ejemplos más de que Borges tenía Internet, como "La biblioteca de Babel", o la conducta de "Funes, el memorioso", pero es bueno descubrirlo en la inagotable experiencia de leer, aquella que a este escritor le permitió ver mucho más allá de su tiempo.
servido por trashi
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15 Mayo 2005

Esta noche he soñado que Paul Auster visitaba mi casa. Al salir del ascensor me lo encontraba en el descansillo, entablamos una breve charla casual ("Hombre, si tú eres Paul Auster... Pues sí, mira tú por donde... Jo, pues tienes la misma cara que en las solapas de Anagrama") y, nada, como teníamos buen rollo me atrevía a pedirle que pasara a mi casa a dedicarme sus libros. Paul, muy majete, aceptaba.
Luego había una elipsis y me veía en casa, desesperado, buscando los libros de Auster por todos lados, pero, ¡fatalidad!, no localizaba ninguno, debido al desorden que reina en mi biblioteca. Él comienza a impacientarse y, mientras se toma un Nestea, me dice que mucha gente le miente, afirman ser "fans" suyos y es mentira, en realidad, no han leído ni un sólo libro suyo, lo único que pretenden es compartir un rato con un famoso como él, y eso le hace sentirse utilizado, dolido... Esa confesión me inquieta. Auster ahora parece incluso un poco peligroso. ¿Habré dejado entrar en mi casa a un psicópata? ¿Le dará un arrebato de furia al creer que no tengo ningún libro suyo en casa? ¿Por qué demonios nunca encuentro nada cuando lo necesito?

Total, que improviso un plan demencial: salir sigilosamente por la puerta, sin que él se dé cuenta, correr hacia el VIPS que hay cerca de casa y comprar allí un ejemplar de "El libro de las ilusiones", volver deprisa y mostrárselo como si lo tuviese desde hacía tiempo. Lo hago a cámara rápida, como en un "sketch" de Benny Hill, con música ridícula de fondo, y ya estoy de nuevo en casa, frente a él, enseñándole orgulloso mi recién adquirido ejemplar de su novela. Lo coge, lo mira... y me clava sus ojos profundos, con gesto de decepción. "Esto lo acabas de comprar", me dice con desarmante seguridad. Yo titubéo, trato de defenderme, aseguro que no, que me lo compré y leí hace meses... pero no hay manera. Auster me dice: "Este libro ha sido recién etiquetado", y me enseña la pegatina con el precio que ponen a los libros en el VIPS. "La fecha figura en la pegatina...", dice con mirada asesina. ¡Malditos VIPS! Auster se levanta y se acerca a mí, amenazador, inmenso... Yo retrocedo, balbuceando que tengo TODOS sus libros pero que mi desorden siempre impide que encuentre nada... Le ruego que no me haga daño, que soy un "fan" auténtico... ¡Hasta me gustó la novela del chucho! ¡Incluso pagué por ver "Lulu on the Bridge"! Él entra ya en cólera, gritando: "¿Me tomas el pelo? ¿Tengo yo cara acaso de encajar bien las bromas? ¡Mentiroso, mi película no la vio nadie en el mundo, nadie, nadie!". Me humillo, suplico que no me mate. Auster dice: "No te mataré... pero sí te someteré a mi famosa mirada intensa".

Yo me cago de miedo; ¡su mirada intensa! Dios... eso debe ser terrible; peor que la muerte. Le pregunto qué efectos tendrá su mirada intensa sobre mí, y Paul me responde con solemnidad: "Eso no lo sabrás... ¡hasta mañana!". Entonces noto que no puedo apartar mis ojos de los suyos, son como un abismo, me parece estar inmerso en los títulos de crédito de "Vertigo", tengo un pánico atroz a sus pupilas insondables, pero al tiempo me atraen inexorablemente, me arrastran...
Y entonces desperté.
Lo primero que he hecho esta mañana ha sido recolectar todos los libros de Auster y colocarlos juntos. Mi biblioteca sigue siendo un caos, ningún autor está ordenado alfabeticamente... menos él. De momento me noto bien.
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15 Mayo 2005

"Imágenes del mal" es un libro de elaboración colectiva editado el año pasado por Valdemar Ediciones y en el cual colaboré con un capítulo titulado "Disneymaldia". Coordinado por Vicente Domínguez, profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo, el volumen está dedicado a analizar diversas facetas de la plasmación del Mal en el cine y la literatura. Además de mi texto "Disneymaldia", centrado como su título indica en el reverso oscuro de las producciones de la factoría Disney, "Imágenes del mal" incluye otros ensayos de autores como Pilar Pedraza, Miguel Marías, Jesús Palacios, Roberto Cueto, Antonio Weinrichter, Sergi Sánchez, Angel Sala o Fernando de Felipe.
Este es el texto de contraportada:
El Mal asola al ser humano desde que Pandora, la muñeca autómata fabricada por los dioses y diosas del Olimpo, abrió el recipiente que llevaba cuando fue remitida a los hombres de parte de Zeus para castigarles por la insolencia de Prometeo, que decidió robar el fuego para dárselo a los hombres. Como el genio de la lámpara de Aladino, el Mal debió de exclamar: «¡al fin libre!» Y a partir de ese momento emprendió su trabajo por todos los rincones de la tierra, irradiando locura, guerras, enfermedades, peste, crímenes, perversiones... a gran escala, pero también a la medida del hogar. Desde que el Mal comenzó a irradiar su oscuridad, el hombre emprendió el esfuerzo de ponerle cara, de imaginárselo, para poder identificarlo y tener una oportunidad de apartarse de su camino... o incorporarse a él, pues el Mal también se preocupa por su aspecto, logrando en ocasiones arreglarse con un encanto y un poder de fascinación irresistibles: el diablo, los niños de cara angelical, mujeres fatales, hombres con larga barba y turbante, amables vecinos de puerta con aspecto anodino e inofensivo, vampiros y vampiresas, metrópolis-babilonias, sombras, manchas... en fin, toda una galería de imágenes al margen de las cuales es imposible pensar o concebir el Mal.
servido por trashi
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