Ayer me enteré de la muerte de Ígor Medio, dibujante y músico asturiano con quien apenas me crucé tres veces, pero de quien guardo el más agradable de los recuerdos. La mayoría de medios de comunicación han difundido la trágica noticia en relación a su pertenencia al prestigioso grupo musical Felpeyu. Por desgracia, otro de sus miembros, Carlos Redondo, también falleció en el mismo accidente de tráfico que Ígor. Escribo estas líneas en recuerdo suyo, primero, porque, su nombre siempre permanecerá ligado en mi memoria al de Javi Rodríguez, a quién desde aquí envío el mayor de los abrazos; y segundo, porque como autor de cómics, creo que también merece un comentario, una despedida, un adios...
Se fue uno de los mayores apasionados de las viñetas que he llegado a conocer.
Qué raro me siento entrando últimamente en mi propio blog sólo para hacerme eco del fallecimiento de amigos o amigos de mis amigos... Un asco, desde luego.
Me caen muy bien los gruñones que luego resultan ser buenas personas. Toni Galindo, mitad del dúo profesional-artístico-sentimental Art&Maña, es de esos. La mañana en que le conocí, hará unos quince años, se tiró varios minutos quejándose sin parar de la cantidad de cosas que se estaban haciendo mal en ese festival de Sitges en el cual ambos estábamos metidos hasta el cuello, aunque de una manera puramente "amateur". Pero ahí no se acabaron sus quejas, no. En apenas un rato, Toni fue capaz de despotricar de la situación del cine fantástico a nivel mundial, de lo aburridos que se habían vuelto la mayoría de los comics, de la calidad de Windows y de Apple, de los molestos "tics" de muchos de los diseñadores de carteles más conocidos... ¡Menudo cascarrabias! Recuerdo que en aquella lejana mañana, conversando junto a un King Kong que nos miraba como a bichos raros, Ángel Sala le decía una y otra vez, entre risas: "Anda, no te quejes tanto...". Sin embargo, y eso sí que conviene aclararlo, Toni es de los que se quejan riendo; lo suyo es el sarcasmo razonado, la queja serena, exenta de cualquier tipo de hostilidad. Como decía, lo que uno espera de un gruñón con buenos sentimientos. No haber tenido más oportunidades de coincidir con él, de aprender, de reírme mucho más a su lado, desde aquel día en que le conocí, es una de esas cosas que no sólo me joden ahora, sino que sé que me van a seguir jodiendo en los años venideros. Uno se cruza con gente valiosa y, me temo, rara vez lo valora; o quizá sí, pero a la postre no da los pasos adecuados para exprimir el máximo posible de esos encuentros afortunados. Como si sobrasen los individuos así... Toni es una montaña de inteligencia vestida de negro y con un Spiderman dibujado en el pecho; Toni es una bomba atómica de buen humor, un agujero cinéfilo capaz de devorar, sin inmutarse, filmografías enteras desde la primera fila del cine más descomunal que podáis imaginar; Toni es la mirada cómplice por encima de las gafas, el abrazo fugaz pero sincero, la discreta muestra de afecto, la cordialidad valiosa precisamente por su falta de exhibicionismo, por la pureza de sus espontaneidad; Toni (junto con Ana, la mujer hecha de luz) pertenece a esa estirpe de héroes legendarios cuyos minutos compartidos con ellos acaban pesando en la memoria al menos el triple de lo normal. Quizá por eso, en estos momentos, tengo la sensación de haber estado con con él muchos más instantes de los que el objetivo calendario indica. Y es que, admitámoslo, a la postre, Toni Galindo, sí que tiene un superpoder: el de, con su contacto, mutar el tiempo de los demás en algo más grande, memorable, mejor... No sé vosotros, pero yo he conocido a muy pocos como él. Muchas gracias, gruñón.
Actualización (13/05/2006):
Los amigos de Donosti, que compartieron con Toni tantos años de trabajo, también le recuerdan. Este es el texto escrito por Ricardo Aldarondo en el Diario Vasco:
El diseñador gráfico y dibujante Toni Galindo, nacido en Manresa y afincado durante más de diez años en San Sebastián, falleció ayer en Barcelona tras una larga enfermedad. La imagen de Audrey Hepburn bajando por la escalera y la recreación de la sombra de Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia son algunas de las escenas de cine que Toni Galindo y su estudio Art&Maña recrearon para para realizar algunos de los más reconocidos carteles del Festival de Cine de San Sebastián, por los que llegaron a ganar dos premios Key Art Award que concede la revista The Hollywood Reporter en Los Angeles.
Toni Galindo, con su inseparable pareja Anna Obradors, instalaron a principios de los 90 en San Sebastián su empresa Art&Maña. La Unidad de Cine del Patronato de Cultura les dio la oportunidad de destacar con sus primeros trabajos, como el diseño de la revista Nosferatu, y los carteles de la Semana de Terror. En 1995 comenzaron a realizar carteles para el Festival, una serie que comenzó con la bola de nieve de Ciudadano Kane, e incluyó a las nadadoras a lo Busby Berkeley o John Wayne. Para la Semana de Terror hicieron también muchos carteles destacados: el de la araña, el de la muñeca quemada... Precisamente hoy el Festival de Cine de San Sebastián presentará la última creación de Toni, que también realizó para Sitges el cartel de Tiburón, y la imagen de filmes como Los otros o La gran aventura de Mortadelo y Filemón. «Ibañez era mi ídolo absoluto y soñaba con dibujar como él», decía.
Se describía más como cinéfago que como cinéfilo. Contagiaba su entusiasmo y su pasión hablando del cine fantástico y el musical, de cómics y bandas sonoras. Y de gastronomía. Era adicto a la Semana de Terror y a Sitges. Siempre junto a Anna, se sentaba en la primera fila del Principal, para devorar el cine.
Otro artículo sobre él, también en El Diario Vasco:
Un homenaje al thriller en el cartel póstumo de Toni Galindo.
T. FLAÑO
El fotógrafo José Luis López de Zubiría apenas podía contener las lágrimas mientras en la pantalla instalada en el foyer del Kursaal se podía ver el making off del cartel oficial del Festiva de Cine. En él aparecía Toni Galindo dándole instrucciones sobre cómo tenía que retratar a Marisa Paredes para que se asemejara a Rita Hayworth en La dama de Shanghai. «Llevo muchos años trabajando con él y la sintonía era total. Su muerte ha sido un palo muy fuerte para todos», comentaba emocionado.
López de Zubiría destacaba la creatividad de Toni Galindo: «Desbordaba ideas porque tenía mucha cultura cinematográfica. Fagocitaba todas las películas que le gustaban y siempre las reflejaba en sus trabajos», recordaba. Prueba de ello, como recordó Edurne Ormazabal en la presentación del cartel, son las imágenes que Galindo realizó para el Festival de Cine, como en el que aparecía Gene Kelly cantando bajo la lluvia, que mereció un premio en Los Angeles, la recreación del ojo partido por una navaja de Buñuel, la elegancia de Audrey Hepburn descendiendo por unas escaleras del Kursaal o Indiana Jones a punto de hacerse con la Concha de Oro. «Ése es uno de los que más me gustan», señalaba ayer López de Zubiría.
Respecto al cartel propiamente dicho, se trata de «un claro homenaje al thriller». Las imágenes se captaron con dos cámaras para reproducir los reflejos de los espejos.
El 31 de diciembre del 2003, el mítico y retirado "yokozuna" (o sea, lo más plus del sumo) Akebono se prestó a ponerse delante de "la bestia" Bob Sapp, en un combate de K-1, que olía todavía más a circo y a masacre de lo normal. El morbo infinito radicaba en ver cuánto tiempo podría aguantar la montaña de carne hawaiiana a las embestidas de la montaña de músculos estadounidense. Porque, como es lógico, nadie albergaba la menor esperanza de que el campeón de un arte marcial tan limpio como el sumo tuviera la menor oportunidad ante un experto en salvajismo y mamporreo desordenado como es el ex jugador de fútbol americano reconvertido en estrella mediática en Japón.
El combate fue, cómo no, una carnicería. El infeliz y peliteñido Akebono inspiró bastante penita al tener que meterse a su edad en semejante berenjenal por culpa de no sé que descalabro financiero que arrojó por el WC los muchos yenes ganados en lo suyo. La cosa acabó en carnicería, of course, pero al menos fue lucrativa para el "yokozuna". Eso sí, a uno se le hiela la espina dorsal cuando ve las caritas de los dos churumbeles de Akebono, abrazados a su mami, presenciando como su gigantesco padre recibe hostias hasta en el carnet de identidad. ¿Ofrecerían las teles más pasta al matrimonio en cuestión si acudían los niños a ver la fulminación de su viejo?
Aquí debajo os espera la barbarie. Venga, ánimo, bienpensantes. ¿De verdad que os vais a quedar con la curiosidad? Click.
"Rubber Johnny", el malrrollero cortometraje-videoclip de Chris Cunningham - Aphex Twin se hizo esperar lo suyo, pero la verdad es que cuando llegó mereció bastante la pena. La cosa panica, espeluzna y hasta choca. Los artistas cómo son, oye.
Los "jefes" Tatiana Totmianina y Maxim Marinin en su modélico programa libre de las Olimpiadas de Torino (¿o Turín?). Otra medallita de oro a la saca. Por cierto, los comentarios están en japonés. Perfecto, ¿no?
Un sitio de Internet ofrece la melodía en varias versiones, incluida la polifónica.
Agencias, 2/7/2005
La última moda en el mercado de telefonía móvil es la oferta de instalar como señal de llamada los famosos gritos y gemidos de la estrella del tenis ruso María Sharapova. Ese "último grito" que promete marcar récords de ventas, fue lanzado con motivo del actual torneo de Wimbledon, donde la rusa no consiguió defender de título de campeona al ceder ayer jueves en semifinales ante la estadounidense Venus Williams.
La melodía se ofrece en varias versiones, incluida la polifónica y en formato mp3, según informa Newsru.com. En el sitio de Internet thevoiceofreason.com, que ofrece este servicio, ya se reciben los comentarios de los primeros poseedores de la voz de la rusa. "Ahora, cuando me grita Sharapova, no me perderé ni una sola llamada", "Instalé sus gemidos para la función de despertador, y ahora sueño con ella", "Con esos gritos, me sorprende cómo no revientan las pelotas", son algunos de los ilustrativos comentarios que se pueden encontrar en esta web.
Según el diario británico The Sun, en este torneo la tenista más brillante y más ruidosa rusa consiguió superar su propia plusmarca anterior, al elevar hasta los 101,2 decibelios el nivel de sus gritos en el duelo contra la española Nuria Llagostera.
Cada uno ve la Historia como le place. Los años 60, por ejemplo. Unos dicen que fue la década de los Beatles, otros que si la del asesinato de Kennedy, la del hombre en la Luna... los más fumaos la llaman "la era de Acuario". Respetables visiones todas ellas, sí, pero para mí aquella ápoca (que no viví, ay, por edad, y es que algunos siempre llegamos tarde a lo bueno) siempre merecerá ser recordada como... los tiempos de "la teta-misil".
Sí, amigos, aquellas ubres naturales, hoy desterradas sin remisión de la iconografía popular y los "media", aquellas cordilleras de carne de formas caprichosas e impredecibles, ninguna igual a otra, sustituidas hoy en el imaginario impuesto por la publicidad, el cine y la televisión por las típicas cacerolas esféricas, rígidas como un balones de la N.B.A, idénticas, fabricadas en serie y siempre inmóviles, independientemente de la postura adoptada por la portadora (decir dueña no sería del todo correcto). Qué lástima, eh...
Ya intuyo que algunos pensaréis que a continuación voy a hablar de Russ Meyer, pero no... hoy no toca; otro día será. A quien quería presentaros ahora es a la irrepetible dama del ayer llamada Roberta Pedon (¡cómo no enamorarse de una chica llamada Roberta!). De ella se ha dicho que es la "pin-up" definitiva de los 60, y lo cierto es que sus legendarias sesiones de fotos sintetizan como pocas la esencia estética de lo que más arriba llamé "teta misil" (otro día ya os hablaré de su antecedente: el "efecto bazooka", que dominó el panorama pectoral de los 50, pero eso es otra historia...).
Mamas descomunales y a media asta, conejito tupido, florecitas, pamelas en la cabeza, pañuelos estampados y demás "tics" "hippies", escenarios naturales fotografiados con "flous" y sol, sobre todo mucho sol... esa es la imagen que ha quedado de Roberta Pedon (nombre real, según parece) décadas después de su época de esplendor.
Nacida en 1952, unos dicen que en Argentina y otros en Italia, el caso es que a finales de los 60 estaba instalada de California (tras recorrer varios países) y ya se había convertido en una de las modelos nudistas más fotografiadas del mundo. No obstante, su carrera jamás ascendió hasta la primera división del "couché", ocupada por cabeceras como "Playboy" o "Penthouse", sino que se reinó en esa amplia franja de papel poco suave ocupada por lo que siempre se ha conocido como revistuchas de teta y culo (en su caso, culo poco). Tras menos de una década dedicándose a los desnudos fotográficos, Roberta (que también usó en ocasiones el nombre de Melody O'Hare) se retiró definitivamente en 1975, habiendo llegado a aparecer en una película, "Delinquent School Girls" (1974), en la cual, por cierto, no enseñaba los melones.
Hoy nos queda su leyenda (me encanta magnificar las chorradas, ya sabéis). Se dice que era "hippy" de verdad, no una pose de cara a las sesiones de fotos; que nunca se maquillaba, ni lo necesitaba, porque su cutis estaba siempre bronceado y perfecto; que la ofrecieron miles de veces hacer pornografía pero que siempre lo rechazó, aunque luego participase, sin ver un dólar, en multitud de ocasiones en reuniones marihuaneras de sexo comunal con toda la comunidad hippy" de la costa oeste; que jamás aprendió más de cuatro o cinco palabras de inglés.
Hoy parece que vive en Venecia y que casi nadie la recuerda ni la asocia con aquella etapa suya de trotamundos sin ropa. Aunque está claro que ahora sus pechos ya no parecerán lanchas, la gran pregunta que me surge es: ¿conservará todavía esa sonrisa pizpireta que tan letal combinación formaba con su abundancia mamaria?
Nacido en Grenoble el 19 de mayo de 1946, André René Roussimoff ha pasado a la historia del "show business" y de la lucha libre (particularmente en su variante "comercial" norteamericana) con un apodo tan simple como esclarecedor: "André el Gigante". A los adictos a la cultura de masas su nombre nos evoca imágenes delirantes de enfrentamientos legendarios dentro de los cuadriláteros del colorista circuito de la WWF; es decir, el circo del "wrestling", grandilocuentemente "naif" modalidad de espectáculo a caballo entre el comic de superhéroes en vivo y el teatrillo de "grand guiñol" apto para todos los públicos. En ese ambiente de infantiles bravuconadas, de violencia inofensiva de puro hiperbólica, André fue, con diferencia, el luchador más querido a lo largo de varias décadas, sólo eclipsado brevemente por su único posible sucesor en el corazón de los niños: el ciclón amarillo, Hulk Hogan; otra estrella mediática cuyas míticas "performances" junto a André el Gigante (foto) marcaron auténticas cimas de popularidad para el "wrestling". Qué tiempos aquellos, allá por los inicios de Tele 5, en que pudimos disfrutar en España de tan entrañable carnaval de golpes fingidos...
André murió el 27 de 1993 víctima de la acromegalia, enfermedad que deformó su cuerpo y fue minando lentamente su salud durante años; mal que, por cierto, ya se llevara a otro de mis fetiches: el legendario monstruo del cine de terror barato Rondo Hatton.
Si queréis saber más detalles de la vida de André (a quién, supongo, muchos recordaréis por su intervención en "La princesa prometida") no tenéis más que acudir a su página oficial.
ANTONIO TRASHORRAS (Madrid, 1969).
Profesional del sector audiovisual desde 1990. Guionista de largometrajes ("El espinazo del diablo", "Lena"), telefilmes ("Jugar a matar" -Tele 5-) y cómic ("Miedo", "Residuos" -ediciones Glénat), crítico de cine ("Fotogramas", "Fantastic Magazine", "Nosferatu", "El País de las Tentaciones"), cómic ("El Periódico de Catalunya", "Viñetas", "U"), autor de siete libros sobre cine (en solitario o colaboración), responsable de contenidos de producciones especiales de Canal +, director del canal Album TV para Canal Satélite Digital, coordinador de monólogos de humor en el canal Paramount Comedy, guionista y realizador de los programas de "sketches" "La Hora Chanante" y "Telecompring, y director del "talk show" "Nada que perder" (Paramount Comedy). Tras un breve paso por "Los Serrano", actualmente dirige el Festival de Cine de Comedia de Peñíscola. Insomne, omnívoro cultural y fanático de cualquier palabra que contenga la combinación de letras "mn". Padre de un hijo rubio e incomprensiblemente cuerdo...
El autor de este "blog", en una de sus fugaces apariciones públicas.
¿A qué huele la ilusión?
Yo de pequeño bebía los vientos por Olivia Newton John. Coleccionaba fotos suyas, recortaba sus reportajes en las tonti-revistas de la post-Transición... ¡Hasta me gustaban sus canciones y películas! Me estoy refiriendo a aquella época, a caballo entre los 70 y los 80, en que aún aguantaba con su "look" de jovencita pese a haber rebasado holgadamente la treintena, más o menos entre el "boom" de "Grease" y los memorables (y a su manera hermosos) naufragios de "Xanadu" y "Two of a Kind".
En el magnífico Blowupdoll, un simpático "emepetrés" de la (por entonces) dulce y virginal australiana. En cuanto a la legendaria fotito en plan "roller/cowgirl" de aquí arriba, ¿qué puedo decir? Pues que vale su peso (55 K) en oro. Haciendo historia, amigos...
La voz azul
Descubrí las abisales cuerdas vocales de Etta Scollo en la escena más hermosa, emotiva y desconcertante de "Bad Guy", uno de los increibles largometrajes que el coreano Kim Ki-duk ha realizado en estos últimos años. "I tuoi fiori" se llamaba la canción y la irrupción de la profundísima, ígnea voz de esta italiana afincada en Alemania aportaba a la desesperada historia de "amour fou" narrada en la película una extrañísima cualidad de melodráma onírico. Un momento de cine inolvidable.
Desde entonces me he informado sobre ella, su música, su vida... y la he escuchado todo lo que he podido, claro. Recomiendo buscar sus CDs en la página alemana de Amazon y frecuentar su página personal. Merece mucho la pena.
Mujer tenía que ser
Si Norah Jones te arrulla tanto que puede llegar a resultar narcótica, si Diana Krall te agrada, claro, pero también te empalaga un poco, si empiezas a sospechar que bajo tanta vocalista sensible de última generación lo que hay en realidad es un poco de cuentitis y laxitud interior... ha llegado el momento de escuchar a Rebekka Bakken.
Convertida gracias a su debut en solitario con el apabullante album "The Art of How to Fall" en todo un fenómeno dentro del ambiente jazzístico ligero de Europa, esta noruega de treinta y pocos años jamás deja indiferente cuando se la escucha por vez primera. Su abrasiva voz esgrime una intensidad muy lejos de la tersa perfección académica de ciertas "divas", mientras que la naturaleza de sus composiciones no escatima ni en complejidades estructurales ni en paisajes emocionales encapotados.
"Say Goodbye To What Is Gone", "Worriless" o "Daylight Is Short In Fall" son algunas de las cumbres de este disco espinoso, dedicado a la exposición en doliente primera persona de cuantos desajustes e incongruencias sentimentales torturan a cualquier adulto. Quizá Rebekka Bakken no tenga el "glamour" ni los Grammies de otras, pero os aseguro que en ovarios las supera por carretillas. Digo.