Categoría: Cine
2 Junio 2005

Ayer volví a ver "La otra cara del crimen" ("The Yards") del magnífico James Gray, uno de los cineastas más dignos de seguimiento de estos últimos años. Me pareció una opción perfecta para la idiocia mediática predominante; una peli seca como ella sola, de lectura moral turbia, y eso tan difícil que es la coherencia climática absoluta (lo cual engloba desde la iluminación a las interpretaciones), pero sin el menor gramo de espectáculo en todo su metraje
Para los que en su día se preguntasen porque James Gray se tiró casi cinco años hasta estrenar otro largometraje tras su espléndida ópera prima "Cuestión de sangre" ("Little Odessa"), ahí va una respuesta no apta para sensibles.
Primero: su debut obtuvo muy buenas críticas, sí, pero apenas dio un duro, por lo cual estuvo dos añitos tratando de colocar en algún sitio el guión de "La otra cara del crimen" (que lo he leído y es, sí cabe, todavía más denso que la película). Segundo: tras ser rechazado en muchas productoras por demasiado europeo, lúgubre y lento, el proyecto recala en Miramax, siempre hambrientos de talento joven, donde el director padece otro años de conflictiva preproducción para impedir que su peli se convierta en otro thriller de bajos fondos, cachondo y marchosillo (vamos, "postscorsesiano"; es decir, a lo Guy Ritchie). Tercero: acabado el rodaje, los Weinstein Bros bloquean el montaje y encargan filmar a espaldas de Gray unos diez minutos nuevos, vetando todo el final original. Cuarto: tras meses de litigio y mediante la renuncia a parte de su salario, Gray condigue terminar el montaje casi enteramente a su gusto, si bien Miramax le castiga congelando al largometraje otro añito más hasta estrenarlo con un limitadísimo número de copias, al considerarlo un "thriller" que, pese a las estrellas de su reparto (Theron, Wahlberg, Joaquin Phoenix...) resultaba demasiado reconcentrado y sobrio, es decir, sólo apto para el público minoritario.

Viendo esta soberbia película, que afortunadamente sigue los pasos de aridez expositiva, ambigüedad moral y densidad conceptual de "Little Odessa", uno se pregunta qué futuro le puede a un director tan, digamos, serio; tan obstinado en apartarse de la estandarizada papilla narrativa con que el abrevadero de ficción hollywoodense alimenta sus beneficios. Lo que su cine ha ofrecido hasta la fecha es suspense sin espectáculo, drama sin melo, anclado en la emoción real, de tono bajo, y no en la referencialidad chispeante, tragedias naturalistas con ecos universales... grandes películas, en suma, pero (ay) para mayores de edad. Gray vendría a ser lo más parecido que podemos imaginarnos a un Melville americano, o un Schrader joven sin haberse rendido aún, tratando a duras penas de no ser aplastado por el cine multiplex del siglo XXI. Las va a pasar canutas este Gray...
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29 Mayo 2005

El enlace más idiota de hoy es... este, un lugar donde se comparan, una a una, las figuritas articuladas de "Star Wars" lanzadas en 1979 con sus nuevas versiones de 1997. Además de proporcionarnos, ya a estas alturas de la película, una doble capa de nostalgia (qué lejos queda incluso el año 97...), dicha comparativa también sirve para extraer una extraña conclusión: con el tiempo los personajes de Lucas han ganado peso y volumen (¿serán esteroides o hamburguesas?). El universo se expande, está claro. Muñecos crecientes, arte menguante.
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27 Mayo 2005

La dueña de esta celestial sonrisa de aquí al lado (se me van los ojos y pierdo el hilo de lo que escribo) se llama Laura Smet y es mi última pasión gabacha, la última de la larguísima lista de bellezas tricolores que me roban el corazón en la oscuridad de una sala de cine. Ludivine, Audrey, Virginie... ya son el pasado, mis favoritas de anteayer; el futuro pertenece a Laura, nada menos que la hija de Nathalie Baye y Johny Halliday, actriz turbadora y poseedora de una presencia en pantalla de una intensidad nada común. La descubrí el año pasado en "Les Corps Impatients", un largometraje durísimo en donde encarnaba a una jovencita de belleza extraña que se va muriendo de cáncer mientras ni su novio ni nosotros podemos hacer más que asistir a cómo su vitalidad se marchita inexorablemente a lo largo de un horrible periplo de pruebas médicas. Ella estaba que se salía...
Este año me la he vuelto a encontrar en "La dama de honor" de Claude Chabrol (supongo que su mamá la recomendaría) y he comprobado como aquella hermosa y frágil adolescente, se ha convertido en un bellezón, sin perder ese algo misterioso en la mirada, ese mensaje secreto e inquietante en sus gestos, a veces ligeramente autistas. Estoy deseando verla en "Clean" de mi admirado Olivier Assayas.
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27 Mayo 2005

¡Pues sí! Aunque hemos tardado años en enterarnos, ahora resulta que el "western" "Río Grande" era más un precedente de "Encuentros en la tercera fase" que de "Aquí llega Condemor". No me he tomado nada tóxico, tranquilos... Es que resulta que con motivo de la restauración de la película de John Ford alguien se ha dado cuenta de que en una escenita más bien anodina entre "el Duque" y Maureen O'Hara, allá al fondo, fondo... en el cielo nocturno (real, ya que la escena se rodó en exteriores de Arizona), se pueden apreciar claramente (o así) las evoluciones de un... esto, OVNI.

Los detalles, más o menos convincentes, los podéis encontrar aquí, y los videos (en WMV) aquí y aquí. Qué tío, este Ford... y que, pese al tiempo transcurrido, sus pelis no dejen de sorprendernos... Por cierto, ¿y Garci qué opinará de este hallazgo?
En fin, a la espera quedamos del descubrimiento del Yeti en un fotograma fugaz de "Las nieves del Kilimanjaro" o del espectro del Che en una escena descartada de "Fresa y chocolate".
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27 Mayo 2005

Mirad a lo que se dedica John Waters cuando no hace pelis (o sea, casi todo el rato). Este JFK travestido es una de las obras que encontraréis aquí como ejemplos de su faceta artística. Qué joya de hombre... Lo orgullosos que deben de estar sus padres...
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25 Mayo 2005

Una inmensa mayoría de los cinéfagos a los que se les pregunta por su película favorita responden con un amasijo de balbuceos inconexos que no son más que un discontinuo intento de decir un título de largometraje tras otro sin acabar de pronunciar ninguno. Comprensible: demasiadas referencias coaguladas en la sesera como para que escoger tan sólo una resulte una tarea asumible, al menos así de primeras. Yo tengo dos respuestas inmediatas para salir de dicha situación cuando alguien (que normalmente acabo de conocer) me hace esa pregunta. Respuesta namber güan: "No tengo película favorita, sino 100 empatadas en la primera plaza", y, a continuación, paso a recitar cual ametralladora una relación de títulos de pelis que me apasionan, según me van viniendo a la cabeza, sin orden ni concierto (hastaquellegosuhora-yoanduveconunzombi-seddemal-amarcord-elsilenciodeunhombre-nosferatu-arrebato-elfantasmadelparaíso-eldesprecio-laúltimaola-suspiria...). Lo habitual es que el abrumado interlocutor me detenga antes de llegar a la veintena. Y menos mal... Respuesta namber tu: "¡Vertigo!" (sin acento en la "e").

Y es que si bien a "Vertigo" puedo considerarla como empatada con otras 99 en el primer puesto de la lista, tampoco deja de ser cierto que por ella quizá sienta también un poquitín de cosa más especial; no ya sólo porque sea una obra sublime, de un romanticismo desesperado, una audacia irrepetible y unos ecos metafísicos muy difícilmente igualables, sino sobre todo porque quizás fue la primera película que al verla, siendo todavía un crío, fui por vez primera consciente de me encontraba ante... pues eso, una obra sublime, de un romanticismo desesperado, una audacia etc, etc (aunque entonces aún no manejara semejante vocabulario, claro).

Por ello, imaginad lo que puede haberme hecho disfrutar una página web como Vertigo: then and now, cuyo contenido consiste en un exhaustivo desglose visual de la hipnótica obra cumbre del gordo Hitch en función de sus localizaciones, incluyendo junto a cada exterior tal y cómo aparece en el film, una imagen de ese mismo lugar capturada en la actualidad.

En otras palabras, amigo obsesionado con el órfico periplo de James Stewart por los rincones de aquel onírico San Francisco, "Vertigo: then and now" es todo un disparo virtual a bocajarro, entre evocador y anticlimático, dirigido justo al corazón de nuestra cinefilia. Y, por supuesto, lo ideal es recorrer esta galería escuchando la envolvente, tortuosa y zigzagueante música de Hermann.
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19 Mayo 2005

La suite del hotel St. Francis de San Francisco en la cual Roscoe "Fatty" Arbuckle (supuestamente) realizó en 1921 las atrocidades sexuales que arruinaron su carrera, resulta hoy un preciado objetivo entre los "morbonáutas". Numerosos conocedores de la sórdida historia de Fatty y sus hazañas con las botellas de soda están dispuestos a pagar los 1.150 dólares que cuesta alojarse allí una sola noche.
Aunque la dirección del hotel no hace nada por promocionar dicha suite, ni en sus folletos figura referencia alguna al escándalo de Fatty, la lista de espera de turistas deseosos de dormir allí es enorme.
Más detalles aquí.
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16 Mayo 2005

Bright Light Film Journal es un revistón de cine "on line" para mear y no echar gota, lo que se dice la pera. Un nivel de textos estratosférico, una selección de temas intachable, un punto de vista crítico siempre afilado y, cómo no, esa versatilidad analítica, esa capacidad todoterreno que tanto echa uno en falta en gran parte de los textos sobre cine escritos en castellano, ya sea en la Red o en papel. Es decir, lo que hace unos años llamábamos una publicación "con actitud".
Y es que destilan tal inteligencia sus artículos que da gusto leerlos hasta cuando no estés demasiado de acuerdo (en mi caso, sin ir más lejos, en el reciente sopapo que le han metido a Closer).

No obstante, lo que ha motivado mi mención a Brigh Light era que quería llevaros hacia este interesante artículo, aparecido hace meses, donde se establecen unos acertados paralelismos estéticos y conceptuales entre la obra de Leni Riefenstahl y los magistrales y sensualmente amnióticos títulos de crédito creados por (sobre todo) Maurice Binder para la serie fílmica de James Bond.

Y a quien se le haya despertado el gusanillo por saber más sobre dichas secuencias de apertura, algunas ya legendarias, le recomiendo pasarse por aquí, y dejarse arrullar por la tersa ampulosidad característica de los trabajos de Robert Brownjohn, Binder y el "heredero" Daniel Kleinman. Hala pues.
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